CATILINARIAS CICERON PDF

XIV, 2. Su fuerza y su elocuencia no han menguado, pero el equilibrio de poderes es muy diferente, por ello sus argumentos, falaces o veraces, se atienden y escuchan menos. Bornecque publicada por Les Belles Lettres1 y la de A. Clark publicada por Clarendon Press. Boulanger y P.

Author:Tojashicage Faezshura
Country:Botswana
Language:English (Spanish)
Genre:Marketing
Published (Last):19 March 2016
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Todos los derechos reservados Editorial Planeta, S. Papel: Offset Rotoform, de Clariana, S. Impresin: Duplex, S. Encuadernacin: Encuadernaciones Maro, S. Semblanza biogrfica de Marco Tulio Cicern 2. Una vida marcada por la oratoria. De Cicern a Cicern 4. Las Catilinarias.

Las Filpicas [omitidas en esta edicin] 6. Traduccin y revisin. Su padre, de salud enfermiza, se dedic con poco xito a la literatura pero, y quiz por eso mismo, se preocup de llevar en temprana hora a sus dos hijos, Marco y Quinto, a Roma para mejorar su educacin. En Roma, Cicern sigui las enseanzas de dos grandes oradores del momento, Marco Antonio y Lucio Craso, a los que en agradecimiento y recuerdo hizo posteriormente protagonistas del tratado De Oratore.

Del 86 al 84 asisti a las lecciones del poeta griego Arquas, al tiempo que s relacionaba tambin con el poeta trgico Accio. En torno a los veinte aos escribi lo que se supone que es su primera obra, el tratado retrico De inuentione. En el ao 81, a los veinticinco de edad, pronuncia el Pro Quinctio, su primer discurso pblico, y al ao siguiente ya se atreve a acometer un caso de mayor trascendencia poltica cuando pronuncia el Pro Sexto Roscio Amerino, en el que se enfrenta a un protegido del dictador Sila.

Tras ganar el proceso, en parte para quitarse de en medio y en parte para pulir los defectos asiticos de su oratoria, demasiado ampulosa, decide retirarse a Grecia, donde permanecer desde el 79 al 77 instalado en Atenas y Rodas, ciudad esta ltima en que tendr ocasin de seguir las enseanzas de Moln.

Tras regresar a Roma inici su carrera poltica ejerciendo en el 75 el cargo de cuestor en Sicilia. La buena imagen que dej en la isla le permitira luego reunir con facilidad pruebas contra C.

Verres, quien en el ejercicio de su consulado en esta isla explot y humill a los sicilianos ms all de todo lmite razonable. As, en el 70, al tiempo que desempeaba el cargo de edil, denunci y logr la condena de Verres, pese a que la defensa de ste estaba encomendada a Hortensio Ortalo, el ms clebre orador del momento.

Su xito y las circunstancias en que fue logrado aumentaron muchsimo su popularidad en Roma y lanzaron definitivamente su carrera poltica: edil curul en el 69, pretor en el 66, cnsul en el En el desempeo del consulado descubri y abort la conjuracin de Catilina, lo que le llev a la cima de la gloria poltica, pero tambin le atrajo las antipatas y el odio de un sector de la sociedad.

As, en el 58 se ve abocado al exilio a consecuencia de una ley propuesta por el tribuno de la plebe Clodio, por la que se condenaba genricamente a todo el que hubiera condenado a muerte a ciudadanos romanos sin juicio previo. Tras ao y medio, ya en el 57, pudo Cicern regresar a Roma gracias a la intercesin de Miln, otro tribuno de la plebe. Sin embargo, las circunstancias polticas en Roma ya haban cambiado y distaban mucho de las del 63, cuando el cnsul Cicern y el Senado controlaban la situacin; era el momento del primer triunvirato Csar, Pompeyo y Craso y las libertades de la repblica se resentan de esta situacin de dictadura compartida.

Aun as, en el 51 se hace cargo del gobierno de Cilicia, de donde regresa en plena guerra civil entre Csar y Pompeyo; tras muchas dudas acaba por inclinarse por este ltimo poco antes de que Csar le derrote en la batalla de Farsalia ao Durante la dictadura de Csar se avino a intentar algn acercamiento al nuevo poder, mas sin participar activamente en poltica, lo que le permiti dedicarse por entero a su obra filosfica y retrica.

En estos aos sufre tambin diversas desgracias familiares: divorcio de Terencia 46 , muerte de su hija Tulia Tras el asesinato de Csar 15 de marzo del 44 intenta recuperar la libertad de la repblica y el poder del Senado reverdeciendo viejos laureles.

Enfrentado a Marco Antonio, lugarteniente de Csar, lograr en principio hacerle frente con la colaboracin de Octavio, sobrino e hijo adoptivo del dictador, pero la posterior alianza de Marco Antonio, Octavio y Lpido, antiguo jefe de la caballera cesariana segundo triunvirato , le resultar fatal a Cicern: pagar con su vida los ataques dirigidos a Marco Antonio en sus Filpicas. Marco Tulio Cicern Catilinarias 2.

Desde sus comienzos en la vida pblica todo su itinerario va estrechamente ligado a sus discursos. Las Verrinas lo elevaron al primer puesto entre los oradores, las Catilinarias le sirvieron de apoyo para alcanzar la cima poltica y, al tiempo, acabaron acarrendole el destierro, las Filpicas, en fin, fueron su sentencia de muerte poltica y, consecuentemente, tambin fsica, al haber perdido toda su fuerza y poder.

Mas no slo son los grandes discursos, los ms famosos, los que compartimentan y marcan la vida de Cicern, sino que tambin los discursos que podramos llamar ordinarios son fiel reflejo de esta caracterizacin de Cicern. As pues, los discursos son, junto con las cartas, la nica actividad literaria constante de nuestro Marco Tulio.

Desde su pionero Pro Quinctio del ao 81 hasta la ltima de las Filpicas, ya en el 43, los discursos recorren acompasadamente su vida, dejando nicamente lagunas temporales aqu y all, cuando las ausencias de Roma, voluntarias o forzadas, o la situacin poltica adversa le conminan al silencio. En esos casos, slo las epstolas nos permiten suplir los huecos. Con todo, no debe olvidarse que las cartas, a di Terencia de los discursos, no las escribi en ningn caso con la intencin de publicarlas, circunstancia que nos permite establecer una diferencia clara con respecto a su actividad oratoria.

Frente a esta dilatada constancia, el resto de su actividad artstica o es fruto de una poca o refleja el complemento terico de la actividad principal, o ambas cosas a la vez.

As, las obras filosficas las escribe todas entre el 54 y el 44, en slo diez aos; y an podramos comprimir ms esta dcada, ya que las obras de filosofa poltica De re publica y De legibus se elaboran y ven la luz entre el 54 y el 52, en tanto que el resto, las propiamente filosficas Paradoxa stoicorum, Academica, De finibus, Tusculanae disputationes, De natura deorum, De senectute, De diuinatione, De fato, De amicitia, De officiis, etc.

De esta rapidez de concepcin y elaboracin no puede desligarse el concepto que tena el propio Cicern de su produccin filosfica. XII, 52, 3 al sealar que no se trata ms que de la reproduccin de ideas y pensamientos entresacados de diversos autores y que todo su mrito consiste en darles forma latina, echando mano del inmenso caudal de su elocuencia. Es decir, que tambin en esta actividad, en tanto que creador de la terminologa filosfica latina, se muestra Cicern como orador o maestro del lenguaje.

Por lo que hace a las obras retricas, dejando de lado el De inuentione, obra de juventud, probablemente del 86, stas se concentran tambin en un perodo corto de tiempo, el que va del 55 al 44, sin que debamos, por otro lado, olvidar que tanto el De Oratore como las Partitiones oratorias, el Brutus, el Orator, el De optimo genere oratorum o los Topica no son otra cosa que el complemento o base terica de su arte oratoria. De hecho, Cicern fue el primer orador que se atrevi a exponer de forma detallada y precisa los fundamentos tericos de su actividad, que se pueden resumir sumariamente en la conjuncin de una buena tcnica, aprendida en la escuela y en el foro, y el talento y la capacidad natural.

Ciertamente Cicern posea las dos cosas y las posea bien, de otra forma difcilmente hubiera podido alcanzar el ttulo de prncipe de la oratoria.

Mas, para desgracia nuestra, la actividad oratoria slo se refleja plidamente en la escritura. Podemos ciertamente analizar y destacar la forma compositiva y la disposicin de un discurso, su argumentacin y los recursos retricos que utiliza: adecuacin al contexto, captatio beneuolentiae, irona, stira, adulacin, retrato de personajes, descripcin de situaciones, con- Marco Tulio Cicern Catilinarias traposiciones, perodos, ritmo creciente o decreciente, etc.

Sucede adems con relativa frecuencia que los discursos que nos han llegado no se corresponden con los que realmente fueron pronunciados; pues si, por una parte, la existencia de esclavos copistas, encargados de tomar al pie de la letra las intervenciones de su amo, nos podran llevar a confiar en la fidelidad al discurso original, por otra sabemos a ciencia cierta que Cicern retocaba y alteraba segn su conveniencia los discursos; ello explica que las Catilinarias no se publicaran hasta tres aos despus de la conjuracin y que en ellas no aparezcan incriminaciones comprometedoras para Csar, que seguramente s figuraran en los discursos realmente pronunciados.

Por otro lado, conservamos numerosos discursos que Cicern no pronunci nunca: la serie completa de las Verrinas es una obra de gabinete que va mucho ms all de la corta intervencin que tuvo Cicern; la segunda Filpica, la obra maestra de la invectiva, nunca fue pronunciada, lo que de paso quiz le alarg algo la vida a Cicern. Cabe, entonces, preguntarse hasta qu punto es el mismo el Cicern que se nos hace visible en estas dos muestras supremas de su elocuencia. Considerando que el tema que se debate en los dos casos es similar: un intento de atentar contra el Estado y contra el poder establecido, no puede en principio extraarnos que en las dos obras se repitan ideas propias o connaturales a una situacin de este tipo: es preferible la muerte a la esclavitud, la tirana hace al hombre esclavo, un final noble aporta fama y gloria, lo que asegura la inmortalidad del hroe No puede asimismo extraar que se repitan en una y otra obra los tpicos y episodios histricos de referencia necesarios para justificar determinadas formas de pensar o de actuar: la supresin de la monarqua, la frustracin de todos los intentos de restitucin real o la inutilidad de toda tentativa revolucionaria como la de los Gracos.

Mas, al margen de todas estas manifestaciones ms o menos obligadas, sabemos cmo es el Cicern que se nos presenta en uno y otro caso? En ambos casos nos encontramos con el mismo Cicern poltico que se presenta como salvador de la patria, frente a los dems que slo se preocupan de aniquilar el Estado; es el Cicern que quiere esconder los intereses de partido tras los intereses de la repblica.

Es el mismo Cicern vanidoso y engredo que se nuestra como personaje singular por haber alcanzado cotas nunca antes vistas de admiracin y agradecimiento pblicos que se les niegan a los dems. Es el mismo Cicern preocupado por la gloria eterna: Nada me importan esos silenciosos y mudos monumentos que puede a veces conseguir el menos digno.

En vuestra memoria, ciudadanos, revivirn mis servicios, aumentarn vuestros relatos, y vuestras obras literarias les asegurarn la inmortalidad Cat. III, 11 ; La vida que nos da la naturaleza es corta, la que le devolvemos, siendo honrada, es de sempiterna memoria. Si la reputacin no durase ms que nuestra vida quin sera tan insensato que intentara adquirir fama o gloria a costa de tantos trabajos y peligros? XIV, 2. Pero simultneamente vemos a dos Cicerones radicalmente distintos.

En las Catilinarias topamos con un Cicern seguro de s mismo, hipcritamente preocupado hasta la exasperacin por cuestiones de detalle procedimental, con una persona que dice, amaga y no acta; que plenamente fiada en la superioridad de su posicin no quiere dejar ningn resquicio a las dudas o a los rumores sobre su actuacin. En cambio, el Cicern de las Filpicas ya es otro; y si por un momento llega a pensar ante la novedad de los hechos que le puede ser dado repetir la gloria de su consulado, pronto ya alcanza a ver que la situacin es irrepetible; no existe ya frente a la subversin la unanimidad de todos los rdenes de la que haca gala en las Catilinarias; ahora, en el 44 y en el 43, ni hay unanimidad de rdenes ni unanimidad dentro de un mismo orden.

Marco Antonio, su adversario, tiene destacados y distinguidos partidarios dentro del propio Senado, capaces de dar la cara y defenderle; y stos no tenan nada que ver con la bajeza y ruindad moral atribuidas a Catilina.

Sus propuestas ya no se aprueban por unanimidad, incluso empiezan Marco Tulio Cicern Catilinarias a ser derrotadas. Cicern se ve inseguro y l, que ha hablado hasta la saciedad de la gloria alcanzable por medio de una muerte noble, rehsa participar en una embajada de mediacin, manifiestamente preocupado por su seguridad, al punto de no temer desdecirse de su primera oferta de participacin.

Tenemos tambin a un Cicern adulador de sus circunstanciales aliados, entre ellos Octavio, sobre quien en su correspondencia anunciaba profundas reservas. Ahora, su tradicional indecisin se ha acentuado, va y viene, sin norte y sin motivo.

Su fuerza y su elocuencia no han menguado, pero el equilibrio de poderes es muy diferente, por ello sus argumentos, falaces o veraces, se atienden y escuchan menos. Su muerte inevitable es el indicio inequvoco de que el mundo ha cambiado.

LAS CATILINARIAS Con el nombre de Catilinarias o Discursos contra Catilina conocemos las cuatro alocuciones pronunciadas por Cicern entre el 8 de noviembre y el 5 de diciembre del ao 63, cuando en su condicin de cnsul descubri y desbarat un intento revolucionario encabezado por Lucio Sergio Catilina que tena como objetivo final la subversin total de las estructuras del Estado romano e incluso la destruccin de Roma y el asesinato de los ciudadanos ms representativos del partido aristocrtico.

En este sentido, la tentativa de Catilina no puede considerarse en ningn caso como un fenmeno aislado, sino que debe situarse en el marco de la profunda inquietud social que sacudi Roma en la primera mitad del siglo I a.

La violenta reaccin senatorial no slo condujo a la derogacin de las leyes promulgadas y a la muerte de los dos tribunos Tiberio fue asesinado en el y Cayo en el , sino que instaur un perodo reaccionario de dominio total de la aristocracia senatorial que se extendi hasta el ao ; en este ao Mario, un caballero nacido en Arpino, la villa natal de Cicern, obtiene la eleccin consular al tiempo que se hace cargo como comandante en jefe de la guerra contra el rey de Numidia, Jugurta, que estaba causando continuas derrotas a los ejrcitos de Roma.

Con Mario se inicia un perodo de predominio popular que le llevar a repetir el consulado del al La posterior reaccin aristocrtica vino de la mano de Cornelio Sila, un antiguo lugarteniente de Mario que es elegido cnsul en el ao 88, despus de poner fin a la guerra social declarada por los aliados itlicos en demanda del derecho de ciudadana.

Sin embargo, casi de manera inmediata, Sila tiene que partir para Asia para hacerse cargo de la guerra contra Mitrdates, rey del Ponto, circunstancia que aprovechan los partidarios de Mario para hacerse de nuevo con el poder y para realizar una masacre indiscriminada de elementos senatoriales.

Mario muere en el 86 y Sila, tras derrotar a Mitrdates, regresa en el 83 y responde con la misma moneda al instaurar un terrible rgimen de proscripciones. Convertido en dictador en el 82, abdica en el 79 y se retira a la vida privada muriendo al ao siguiente. La desaparicin de Sila supone la irrupcin en la escena poltica y militar de un nuevo lder aristocrtico, Pompeyo el Grande, que ser el encargado de acabar con los restos de la resistencia mariana, con la nueva rebelin de Mitrdates y con el creciente peligro de la piratera en el Mediterrneo.

Por estos aos, en el 73, se produce tambin la rebelin de los esclavos comandada por Espartaco. Como puede pues colegirse el clima social est lo suficientemente alterado como para propiciar nuevos intentos.

As las cosas, un patricio arruinado, disoluto y emprendedor, Lucio Sergio Catilina, cree llegada su ocasin y piensa en la posibilidad de reunir a su alrededor el amplio descontento de las clases populares.

Lo intenta primero por la va legal, presentando su candidatura al consulado del ao 65, pero el Senado lo borra de la lista de candidatos a consecuencia de los excesos cometidos durante el ejercicio de su pretura en frica en el ao Ante este desaire, Catilina, con el supuesto apoyo de Csar y Craso, intenta dar un golpe de mano consistente en Marco Tulio Cicern Catilinarias asesinar a los dos cnsules el mismo da de su toma de posesin, el primero de enero del ao La falta de coordinacin entre los conjurados abort este intento como tambin lo hara con una segunda tentativa planeada para el 5 de febrero del mismo ao.

Estas intentonas se conocen como la primera conjuracin de Catilina, si bien persisten actualmente dudas sobre su existencia, dada la ausencia total de consecuencias para los implicados. A finales del 64 present de nuevo Catilina su candidatura al consulado, esta vez en alianza con Cayo Antonio Hbrida; en su programa electoral se contemplaba la abolicin de las deudas y el reparto de tierras.

El temor de los propietarios los uni en su contra, lo que propici el acceso al consulado de Marco Tulio Cicern, un horno nouus, sin pasado poltico destacado, y con l a M. Antonio Hbrida. Esta segunda humillacin debi ser definitiva para Catilina, que plane el que deba ser el intento definitivo: a fines del ao 63, a punto de concluir el consulado de Cicern, presenta de nuevo Catilina su candidatura al consulado, al tiempo que rene un ejrcito de descontentos en Etruria a las rdenes de Manlio, un antiguo centurin, y disea un amplio plan de desrdenes en diferentes ciudades de Italia, as como el incendio de Roma y el asesinato de los miembros ms destacados de la nobleza.

Cicern, enterado de la trama por las confidencias de Fulvia, amante de Quinto Curin, uno de los conjurados, rene el 20 de octubre del 63 el Senado y hace pblica la fecha del 27 del mismo mes como la fijada para el levantamiento del ejrcito de Manlio y las del 28 y 29 como las previstas para el incendio de Roma y el asesinato generalizado de todos los opositores a Catilina.

El Senado concede poderes excepcionales a Cicern, al tiempo que se aprestan tropas para enfrentarse al ejrcito rebelde. Ante la ausencia de pruebas incriminatorias Catilina permanece en Roma con la intencin de dirigir la revuelta interna.

En este estado de cosas, el 8 de noviembre Cicern convoca el Senado y pronuncia ante l la primera Catilinaria, que como puede deducirse no tiene como finalidad descubrir la conspiracin sino forzar la salida de Catilina de Roma; de hecho, es un golpe de efecto porque Cicern segua careciendo de pruebas concluyentes.

En cualquier caso, la intervencin de Cicern tiene xito y Catilina abandona Roma esta misma noche. Al da siguiente 9 de noviembre , en la segunda Catilinaria, Cicern comunica al pueblo los hechos acaecidos el da y la noche anteriores.

A partir de este momento la situacin se mantiene estable hasta que la noche del 2 de diciembre son detenidos en las afueras de Roma unos legados de los albroges, un pueblo de la Galia, con cartas comprometedoras de los conjurados dirigidas a Catilina y a la asamblea de este pueblo.

Era la prueba que necesitaba Cicern para detener a los implicados.

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