ELOGIO DE LA MADRASTRA MARIO VARGAS LLOSA PDF

Los griegos me llaman Artemisa. Estoy emparentada con la Luna y Apolo es mi hermano. Entre mis adoradores abundan las mujeres y los plebeyos. Hay templos en mi honor desparramados por todas las selvas del Imperio.

Author:Kagagal Aragal
Country:Kazakhstan
Language:English (Spanish)
Genre:Business
Published (Last):23 February 2008
Pages:396
PDF File Size:7.69 Mb
ePub File Size:12.41 Mb
ISBN:798-6-38567-163-1
Downloads:25278
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Meztirr



Elogio de la madrastra. Tusquets Editores. Digitalizado en Xalapa, Ver. Pero Alfonsito no la soltaba. Don Rigoberto estaba tumbado de espaldas, desnudo sobre la colcha granate con estampados que semejaban alacranes. Quemaba, como una compresa de agua hirviendo. Mira lo que me he encontrado, pues, vaya sorpresa. Digo y repito: grupa. No trasero, ni culo, ni nalgas ni posaderas, sino grupa. Pero no lo era: lo estoy. Dudo que muchos habitantes de Lidia puedan emularme.

Varias veces lo vi adelantarse, resuelto, empujar, jadear y retirarse, vencido. Todo en mi esposa es dulce, delicado, en contraste con la esplendidez exuberante de su grupa: sus manos y sus pies, su cintura y su boca.

Nunca me ha aburrido. La cara es imperfecta; los pechos menudos y suda en exceso; pero la abundancia y generosidad de su posterior compensa con creces todos sus defectos. Lo vi desconcertarse, parpadear y entreabrir los labios para no decir nada. Estoy confuso. En fin, responde. Pero era interesante y atractiva, lo admito. Era notable, en efecto, y milagroso para quien no fuera el marido de Lucrecia, la reina.

De modo que esta vez hice las cosas sin que mi amada lo supiera. Lo he visto y es tan extraordinario que no puedo creerlo. Pero, cuidado con tu lengua. Pero lo ha hecho. Llegan hasta nosotros y, aunque al principio nos irritaban, ahora nos divierten.

Examinaba cuidadosamente con la lupa los bordes cartilaginosos de su oreja izquierda. Estaba depilando las excrecencias capilares de su oreja derecha. No, en absoluto. Alfonsito la adoraba. Tal vez demasiado, incluso. Me puedes dar diez. Imposible saberlo.

Si Fonchito sabe que se lo he contado, me mata. Se ha subido al techo muchas veces. A espiarla. Yo no prometo lo que no voy a cumplir. Porque a Fonchito, que es tan bueno, yo lo quiero tanto. Tan formalito, tan educado. No me diga que no se dio cuenta, porque no me lo creo. Algunos comienzan a enamorarse a la edad de Fonchito. Cuando se quita la bata y se mete en la tina llena de espuma, no te puedo decir lo que siento.

Me parece algo que no te lo puedo explicar. Cortar esos juegos por lo sano y cuanto antes. Fonchito ni siquiera se da cuenta que hace mal.

Palabra que no se da. No, ninguna. A pesar de ella misma, le apenaba recordar su carita decepcionada y sorprendida. La vio acercarse, con la toalla en una mano y su bata en la otra. No, la culpa era toda de Alfonsito. Los griegos me llaman Artemisa. Estoy emparentada con la Luna y Apolo es mi hermano. Entre mis adoradores abundan las mujeres y los plebeyos.

Hay templos en mi honor desparramados por todas las selvas del Imperio. Nunca, en todo caso, para cobrar piezas delicadas como las de hoy porque sus fauces las majan hasta volverlas incomestibles. Mejor dicho, no se le ve. No es dios ni animalillo, sino de especie humana.

Palidece y, cervatillo arisco, echa a correr hasta desdibujarse en el ramaje como por arte de nigromancia. Por eso jugamos nuestros juegos a escondidas. Y entonces, a la luz de la fogata de lenguas rojizas, me desnuda y unta mi cuerpo con la miel de las dulces abejas de Sicilia. Nos sirve y lo servimos. Pronto estaremos entreveradas, retozando en la seda sibilante de la manta azul, absortas en la embriaguez de la que brota la vida.

Es muy posible entonces que, al vernos prisioneras del dios Hipnos, tomando infinitas precauciones para no recordarnos con el tenue rumor de sus pisadas, el testigo de nuestros disfuerzos abandone su refugio y venga a contemplarnos desde la orilla de la manta azul.

Dio un pujo final, discreto e insonoro, por si tal vez. El peligro eran las durezas y los callos que, de vez en cuando, intentaban afearlos.

Yo me llamo Amor.

MACROECONOMIA SAMUELSON NORDHAUS PDF

ELOGIO DE LA MADRASTRA VARGAS LLOSA PDF

Lucrecia has just celebrated her 40th birthday and the two lovers have only been married for four months. In the early chapters we are introduced to the passionate and liberated love life of Rigoberto and Lucrecia. He creates erotic fantasies, and Lucrecia lives out the character she has been chosen to be. Only young Foncho recognizes her for who she is. The writing of Mario Vargas Llosa is simply brilliant. In these early chapters he rotates between the present and past or the fantasy world. Not only is the parallelism fascinating, but this novel uses not only words, but famous paintings as well.

KOLBENSCHMIDT KATALOG PDF

Mario Vargas Llosa: sobre ángeles y demonios

Kigazragore Los cuadernos de Don Rigoberto. Their openness with sexuality, however, turns dangerous when Lucrecia starts a relationship with her pre-teen stepson, Fonchito, which ultimately leads to the unraveling of the marriage. If you have trouble accessing this page because of a disability, please contact accessibility lib. By using this site, you agree to the Terms of Use and Privacy Policy. However, they have a rich and open sexual varggas that enriches their life.

INDESIT IWC 5125 PDF

Elogio de la Madrastra – Mario Vargas Llosa – descargar libro

.

ALICE MUNRO AN OUNCE OF CURE PDF

Elogio de la madrastra

.

Related Articles