LA RUTA DE DON QUIJOTE AZORIN PDF

No parece casual que el primer libro de Ortega se titule Meditaciones del Quijote No pretende ser exhaustivo, sino veraz y consistente, captando lo esencial. La ruta de Don Quijote aparece en , coincidiendo con el tercer centenario de la primera parte de la novela de Cervantes. Los pueblos parecen hechos a medida del hombre.

Author:Gardajind Moll
Country:Japan
Language:English (Spanish)
Genre:Music
Published (Last):19 April 2010
Pages:376
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ISBN:899-6-46003-511-8
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Y transcurre otro breve momento de un silencio denso, profundo. Tal vez, si, nuestro vivir, como el de don Alonso Quijano el Bueno, es un combate inacabable, sin premio, por ideales que no veremos realizados Yo me he vestido. Y son primero los faroles de los mozos que pasan, cruzan, giran, tornan, marchan de un lado para otro, a ras del suelo, misteriosos, diligentes, sigilosos. Y son luego las carretillas y diablas que comienzan a chirriar y gritar.

El momento de sacar nuestro billete correspondiente es llegado ya. Yo me he quedado un poco estupefacto.

Todos ha dicho mi nuevo amigo. El viajero embozado es andaluz; mi flamante amigo es castizo manchego. De cuando en cuando se divisan las paredes blancas, refulgentes de una casa; se ve perderse a lo lejos, rectos, inacabables, los caminos.

Y las estaciones van pasando, pasando; todo el paisaje que ahora vemos es igual que el paisaje pasado; todo el paisaje pasado es el mismo que el que contemplaremos dentro de un par de horas.

Ya va entrando la tarde; el cansancio ha ganado ya vuestros miembros. Una sacudida nerviosa nos conmueve. Y de cuando en cuando el busto amojamado de don Alonso se yergue; suspira hondamente el caballero; se remueve nervioso y afanoso en el ancho asiento. Estamos, lector, en Argamasilla de Alba y en , en o en Y yo os lo voy a explicar. No era posible. Esta es la villa de Argamasilla de Alba, hoy insigne entre todas las de La Mancha.

Yo he de levantarme. Yo voy recorriendo las calles de este pueblo. Yo contemplo las casas bajas, anchas y blancas. Argamasilla en contaba con vecinos; en cuenta con En tres siglos es bien poco lo que se ha adelantado. Pasa de rato en rato, ligero, indolente, un galgo negro, o un galgo gris, o un galgo rojo. Y el viejo reloj lanza despacio, grave, de hora en hora, sus campanadas.

Yo regreso a la casa. Y yo yanto prosaicamente -como todos hacen- de esta sopa rojiza, azafranada. Y luego de otros varios manjares, todos sencillos, todos modernos.

Pasan seis, ocho, diez minutos en silencio. Los minutos transcurren lentos; pasa ligero, indolente, el galgo gris o el galgo negro, o el galgo rojo. Yo vuelvo a casa. Gabriel calla; Mercedes calla; las llamas de la fogata se agitan y bailan en silencio. Transcurren seis, ocho, diez minutos en silencio. El reloj lanza nueve campanadas sonoras. Con tutta quella gente que si lava in Guadiana Y cuando he subido por unas escaleras, fregadas y refregadas por la aljofifa, yo entro en el comedor.

Y en el suelo, extendida por todo el pavimento, se muestra una antigua y maravillosa alfombra gualda, de un gualdo intenso, con intensas flores bermejas, con intensos ramajes verdes.

Yo me acerco al fuego. Yo prosigo: -Dicen ahora los eruditos que no estuvo encerrado en ella Cervantes. Don Luis es el tipo castizo, inconfundible del viejo hidalgo castellano.

Que Don Quijote no ha vivido nunca en Argamasilla. Y todos charlamos como viejos amigos. La casa es de techos bajitos, de puertas chiquitas y de estancias hondas. La Xantipa camina de una en otra estancia, de uno en otro patizuelo, lentamente, arrastrando los pies, agachada sobre su palo. Se trata de una vieja escritura: de un huerto, de una bodega, de un testamento.

Yo, a pesar de que en realidad no comprendo nada, digo que lo comprendo todo. La Xantipa vuelve a levantar los ojos al cielo y suspira otra vez. Estamos ante la lumbre del hogar; Gabriel extiende sus manos hacia el fuego en silencio; Mercedes mira el ondular de las llamas con un vago estupor. Se hace una ligera pausa. Se hace otra ligera pausa. Yo doblo la primera hoja; mis ojos pasan sobre los negros trazos.

Y ya vuestras miradas no se apartan de esta moza de los ojos azules y de los labios rojos. No he nombrado antes a don Rafael porque, en realidad, don Rafael vive en un mundo aparte. Yo estoy un poco echado a perder. Las casas de los labradores manchegos son chiquitas, con un corralillo delante, blanqueadas con cal, con una parra que, en el verano, pone el verde presado de su hojarasca sobre la nitidez de las paredes.

Los galianos son pedacitos diminutos de torta que se cuecen en un espeso caldo, salteados con trozos de liebres o de pollos. VII La primera salida Yo creo que le debo contar al lector, punto por punto, sin omisiones, sin efectos, sin lirismos, todo cuanto hago y cuanto veo. Y, ya fuera del pueblo, la llanura ancha, la llanura inmensa, la llanura infinita, la llanura desesperante, se ha extendido ante nuestra vista. Y entonces, de vuelta a Argamasilla, fue cuando deshizo este estupendo entuerto.

Pero, lector, prosigamos nuestro viaje; no nos entristezcamos. Y esta ansia y este anhelo es el silencio profundo, solemne, del campo desierto, solitario. Y es la avutarda que ha cruzado sobre nosotros con aleteos pausados.

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LA RUTA DE DON QUIJOTE

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